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Ramón García deja la cantera en las buenas manos de Aurioles

El adiós de Ramón García a la dirección de cantera de Unicaja invita a mirar con perspectiva su legado en el baloncesto base malagueño. Desde la Axarquía, donde su figura estuvo muy presente en el nacimiento de aquel inolvidable proyecto LEB junto al CB Axarquía y Clínicas Rincón, toca reconocer su huella de poner orden a la cantera cajista para que sea referente nacional… y también celebrar que el relevo quede en manos de otro hombre de la casa y muy ligado a nuestra tierra como Paco Aurioles.

Ramón García presentando en su día el proyecto LEB en la Axarquía junto a Federico Ruiz

Hay personas a las que el baloncesto malagueño no les debe solo una etapa, un cargo o una colección de años de servicio. Les debe una manera de hacer las cosas. Una idea. Una estructura. Un legado. Ramón García es una de ellas. Y en la Axarquía, donde tuvimos el privilegio de vivir de cerca una de las aventuras más bonitas del baloncesto de formación en nuestra tierra, su nombre siempre irá unido a aquel Clínicas Rincón Axarquía que hizo historia en el baloncesto de cantera que apunto estuvo de subir a ACB.

En estos días en los que Ramón cierra su etapa como director de cantera de Unicaja, toca mirar atrás y poner en valor lo que ha representado para el baloncesto malagueño. Pero en mi caso no quería hacerlo solo desde el reconocimiento institucional puesto en valor estos días. Quería hacerlo también desde la cercanía, desde la memoria y desde lo aprendido a su lado en una etapa irrepetible con el nacimiento de aquel proyecto LEB en la Axarquía de la mano del CB Axarquía y Clínicas Rincón del que me tocó ser su primer jefe de prensa.

Aquello no fue únicamente un equipo. No fue solo una apuesta deportiva ni una operación de crecimiento para el baloncesto provincial. Aquello fue una forma de creer en la cantera. Una puerta abierta para que muchos jóvenes pudieran seguir creciendo, compitiendo y soñando. Fue una prolongación natural de esa idea de Unicaja de convertir la formación en una seña de identidad. Y en todo aquello, Ramón García estaba presente como una de esas figuras que no necesitan levantar la voz para que todo el mundo sepa quién lleva el timón. Yo descubrí entonces algo que siempre he admirado en él: su capacidad de control. Pero no hablo de un control frío ni de despacho. Hablo del control entendido como virtud, como herramienta al servicio del proyecto. Control del detalle, de la estructura, de los tiempos, de las personas, de los pasos que había que dar para que aquello no se desviara de su verdadero sentido. Porque levantar un proyecto alrededor de la cantera no consiste solo en reunir jugadores, entrenadores y un escudo bonito con el respaldo de aquel CB Axarquía de la mano de Unicaja. Hace falta una cabeza que piense, que ordene, que prevea, que sostenga y que tenga claro por qué se hace cada cosa. Y Ramón era exactamente eso.

A su lado entendí que el baloncesto de formación no se improvisa. Que no basta con hablar bien de la cantera, con llenar discursos de buenas intenciones o con presumir de jóvenes promesas. La cantera se trabaja. Se vigila. Se acompaña. Se protege. Se exige. Se construye con método, con paciencia, con horas y con una pasión muy concreta por el proceso. Y Ramón tenía esa mezcla tan difícil de encontrar: la del gestor con visión, la del hombre de club y la del enamorado de la base.

Porque detrás del director de cantera, del organizador y del hombre de estructura, siempre he visto en Ramón a un disfrutón del baloncesto de formación y porqué no decirlo, también de la vida. A alguien que no entendía la cantera como una obligación, sino como una convicción. Como una forma de entender el baloncesto y de defender el futuro del baloncesto malagueño. Y eso, en tiempos en los que tantas veces el resultado inmediato se come cualquier proyecto, tiene un valor enorme. Por eso, el proyecto que nos enamoraba desaparecía, porque no quisieron ver la gran cantidad de jóvenes valores que salían hacia el baloncesto profesional e incluso a la NBA, más allá del propio Unicaja, y el gasto económico primó.

Pero Ramón García no cesó en su trabajo de cantera. Y no se puede contar la historia reciente de la cantera de Unicaja sin contar a Ramón García. Sería directamente injusto. Personas pasaron en los distintos estamentos del club, pero Ramón siguió ahí detrás de la consolidación de una estructura que ha surtido de talento al club. Detrás de tantos jugadores que encontraron un camino, detrás de tantos equipos, entrenadores y procesos de crecimiento, ha estado su mano. Una mano firme, una mirada larga y una fe inquebrantable en que Málaga debía ser una referencia también desde abajo, desde su base, desde ese baloncesto que no siempre sale en los focos pero que sostiene todo lo demás.

Y yo, además de reconocerlo, quería agradecerlo. Porque personalmente guardo mucho de lo aprendido junto a él en aquellos años del proyecto LEB en la Axarquía. Allí vi de cerca cómo se sostiene una idea, cómo se protege una cantera, cómo se piensa el baloncesto no solo en presente, sino en futuro. Y también cómo se puede ser exigente, meticuloso y tremendamente cercano al mismo tiempo. Ramón es una institución del baloncesto malagueño, sí, pero por encima de eso ha sido un maestro silencioso para muchos que tuvimos la suerte de compartir tramo de camino con él.

Paco Aurioles, un relevo con acento malagueño y alma de cantera

Por eso, al mismo tiempo que uno mira con respeto y gratitud todo lo que deja, también hay una sensación de tranquilidad e incluso de ilusión al comprobar quién recoge ahora el testigo. Porque si había una manera lógica, coherente y profundamente malagueña de darle continuidad a este legado, esa era poner al frente a Paco Aurioles.

Aurioles en el momento dulce del Clínicas Rincón Axarquía en LEB

Y aquí también me sale la sonrisa. Porque Paco no es solo otro hombre de la casa. No es solo un técnico preparado. No es solo alguien con recorrido y prestigio. Paco es también un nombre muy cercano a la Axarquía, un tipo al que siempre he visto como un crack y con el que compartimos aquellos años tan especiales de baloncesto en la comarca. Desde su etapa como entrenador del CB Axarquía, antes incluso de aterrizar Unicaja y también en aquella época dorada después del proyecto LEB, siempre me transmitió algo que en este deporte vale oro: inteligencia, lectura, cercanía cada vez que me lo topaba y una persona con una enorme capacidad para entender el juego desde dentro desde su experencia de jugador canterano.

Su trayectoria posterior no ha hecho más que confirmarlo. Le ha llevado al staff técnico del primer equipo de Unicaja y también a vivir la experiencia de la selección española en su última etapa. No se llega ahí por casualidad. Se llega por conocimiento, por capacidad de trabajo, por saber de baloncesto y por tener algo que aportar en entornos de máxima exigencia. Pero, aun así, a mí me sigue gustando mirar a Paco desde una imagen mucho más cercana, mucho más nuestra: la de un hombre de cantera, la de alguien que ha mamado este baloncesto desde abajo y sabe perfectamente lo que significa formar a un jugador, acompañarlo y ayudarle a crecer.

Aún recuerdo sus minutos como tercer base en Maristas, en aquellos años de ebullición del baloncesto malagueño, cuando la rivalidad entre Caja de Ronda y Maristas formaba parte de la educación sentimental de quienes amábamos este deporte. Aquel chaval de Carranque es hoy uno de los grandes nombres del baloncesto malagueño. Y no deja de tener algo bonito, casi simbólico, que sea precisamente él quien tome ahora el relevo de Ramón. Porque Paco conoce la casa, conoce la ciudad, como también conoce la Axarquía, y conoce, sobre todo, el valor real de la cantera dentro de un club como Unicaja.

Estoy convencido de que le dará nuevos bríos a la cantera malagueña. Porque llega con experiencia, con recorrido, con prestigio y con una sensibilidad especial hacia el baloncesto de formación. Y porque, además, sabe perfectamente que el legado de Ramón no consiste solo en mantener una estructura, sino en cuidar una filosofía. La de entender que el futuro del baloncesto malagueño no se fabrica a base de prisas, sino de trabajo bien hecho.


Hace unos días, Ramón, en tu visita a mi colegio San José de Málaga, tuve la oportunidad de decirte personalmente parte de todo esto tras adelantar la notica La Opinión de Málaga. Y me apetecía, como te prometí, dejarlo también por escrito en un rincón como Basket Axarquía, que tanto tiene que ver con aquella historia compartida y con aquella manera de vivir el baloncesto desde esta comarca, una vez que se ha hecho oficial. Porque a veces el deporte se cuenta demasiado desde los focos y demasiado poco desde los cimientos. Y tú has sido precisamente uno de los grandes constructores de los cimientos del baloncesto malagueño.

Por eso hoy solo me sale darte las gracias, Ramón, por lo aprendido, por tu cercanía y por todo lo que has dado al baloncesto de cantera en Málaga. Y suerte, Paco. Porque heredas más que un cargo, una forma de entender este deporte, una responsabilidad preciosa y una parte de la ilusión de quienes creemos que como ocurrió contigo en la Axarquía, y así lo has demostrado en Málaga y Unicaja, nuestro baloncesto siempre será más fuertes mientras se siga mirando a la cantera.

Ramón deja un legado enorme. Paco recoge el testigo. Y los que amamos este baloncesto, el de aquí, el de la tierra, el que se cuece en pabellones pequeños antes de asomarse a los grandes escaparates, solo podemos sentir orgullo. Porque la cantera malagueña pierde a un referente en el despacho, sí, pero gana la continuidad de otro hombre que también lleva este juego en la piel. Y eso, en los tiempos que corren, es una magnífica noticia.

Por Antonio J. Reyes BasketAxarquía

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